El pollo al horno puede quedar seco aunque se cocine con abundante aceite o salsa. La diferencia suele estar en varios gestos previos y en no prolongar la cocción más de lo necesario.
Antes de encender el horno, conviene secar bien la pieza con papel de cocina. Si la superficie conserva demasiada humedad, tardará más en dorarse y la piel puede quedar blanda. Este paso resulta especialmente útil cuando se preparan muslos, contramuslos o un pollo entero.
Secar, sazonar y atemperar
Después de retirar la humedad, se puede untar la pieza con una pequeña cantidad de aceite y añadir la sal y las especias elegidas. El tomillo, el romero, el pimentón o la pimienta combinan bien con el pollo, aunque el aliño debe aplicarse sin cubrir por completo la superficie.
También ayuda sacar el pollo del frigorífico con algo de antelación para que no entre completamente frío en el horno. No se trata de dejarlo durante mucho tiempo a temperatura ambiente, sino de evitar un cambio térmico excesivo al comenzar la cocción.
Una superficie seca favorece el dorado, mientras que una cocción ajustada ayuda a conservar la jugosidad.
La bandeja no debe quedar demasiado llena. Si las piezas están muy juntas, acumularán vapor y se asarán peor. Dejarlas con algo de separación permite que el calor circule y facilita que la piel se tueste de forma más uniforme.
El control del horno marca la diferencia
El horno debe estar precalentado antes de introducir la bandeja. Colocar el pollo cuando todavía está tomando temperatura puede alargar el proceso y dificultar que la parte exterior se dore sin que el interior pierda humedad.
Durante el asado, es preferible evitar abrir la puerta continuamente. Cada apertura reduce la temperatura y altera la cocción. Si se quiere añadir líquido, como agua, caldo o vino, debe hacerse con moderación y procurando no mojar la piel.
El tiempo dependerá del tamaño y del tipo de pieza. Los trozos pequeños necesitarán menos que un pollo entero, por lo que no conviene aplicar el mismo tiempo de forma automática a todas las preparaciones.
El reposo final también cuenta
Una vez fuera del horno, el pollo necesita reposar unos minutos antes de cortarlo. Ese tiempo permite que los jugos se redistribuyan y reduce la cantidad de líquido que se pierde al trincharlo inmediatamente.
Si se ha preparado una pieza grande, puede cubrirse de manera ligera con papel de aluminio, sin cerrarlo por completo. Así conservará parte del calor sin reblandecer demasiado la superficie dorada.
Con estos pasos, el resultado depende menos de añadir salsas o ingredientes especiales y más de cuidar la preparación, la distribución en la bandeja y el momento de retirar el pollo del horno.
